Las alianzas permiten a las empresas reaccionar más rápidamente a las necesidades del mercado. Éstas también permiten avanzar con mayor celeridad hacia las nuevas tecnologías. La formación de alianzas estratégicas permite comercializar mejor y optimizar el enfoque del negocio.
Las alianzas, además, permiten a las empresas abordar de frente cuestiones relacionadas con las diferencias entre los sistemas de gestión y a sus directivos tomar la iniciativa a la hora de aprender a convivir con estos sistemas y de aprender de ellos. Las alianzas constituyen un poderoso instrumento para redefinir el campo de batalla competitivo.
Desde la perspectiva de la gestión estratégica, dos grandes tendencias han caracterizado el mundo empresarial en los últimos años. Una es la aperente inexorable globalización. La otra es la reciente utilización de las alianzas estratégicas para crear "redes" entre empresas.
El efecto colectivo de estas dos tendencias –la globalización y la creación de redes-, será un cambio de la naturaleza de las empresas tal como las conocemos. Además, el fenómeno de la campaña basada en redes brinda unas oportunidades excepcionales, al tiempo que plantea enormes retos a los directivos.
La optimización de los recursos tanto en la política de proveedores, como de formación continuada y de política global de comunicación son algunas de las enormes ventajas que conlleva la estratégica de las redes.
Aprender de las alianzas es algo muy elogiado, pero aprender sobre las alianzas también puede generar dividendos. Los resultados de una alianza aumentan la base de conocimiento de los integrantes. El proceso de forjar una alianza no concluye con la elección de la estructura, que debe concebirse como un fluido, sujeto a cambios conforme lo exija la realidad. Será la intervención de todos los directivos la que evalue sus resultados y oriente su proceso hacia la gestión que conduzca a unos resultados más óptimos, para que la alianza cumpla las expectativas.
Es necesario catalizar el cambio cultural. Una atenta observación sugiere que hay tres áreas en la cultura de las alianzas que los directivos deben evitar: la actitud de enfrentamiento con respecto a la cooperación que predomina en la mayoría de los niveles de las organizaciones; el síndrome del "no inventado aquí" con respecto al aprendizaje organizativo; y la incapacidad para encontrar un equilibrio entre la cooperación y la propia identidad.